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martes, 17 de noviembre de 2015

Esto es todo lo que Facebook sabe de ti.

Y todo lo que tú no sabes de cómo funciona la red social de Mark Zuckerberg. Coordenadas de tu cara, los amigos que tendrás o lo que te gustaría comprar. Y hay más.


Facebook sabe mucho. Mucho más de lo que esperas y, desgraciadamente, mucho más de lo que te imaginas. Y sin recurrir a ningún tipo de treta ilegal. Iluso tú, que crees que mantienes blindado tu perfil, que te vas a dormir cada nocheconvencido de tener cerrado a cal y canto el acceso a tus publicaciones, protegidas herméticamente tus fotografías, oculta tu lista de amigos. Hay otra vía de escape. El enemigo, esta vez -como tantas otras-, duerme en casa. Tiene rizos rubios, tez pálida. Viste camiseta gris.
Facebook sabe mucho. Mucho más de lo que parece y, desgraciadamente, mucho más de lo que sus usuarios estarían dispuestos a revelarle. Pero lo hacen. Voluntariamente. Cada vez que inician sesión. Cada vez que teclean algún mensaje. Cada vez que le confían a la plataforma pistas sobre dónde están, con quién están, qué les gusta y cuánto les gusta. ¿Cómo se explica, si no, que unos tipos de California incluyan en nuestras sugerencias de amigos a personas con las que nunca hemos hablado, pero conocemos de vista, gente con la que no tenemos ningún vínculo, al menos, en la plataforma? 
Facebook sabe mucho. Tiene fichado a nuestro círculo de colegas, incluso físicamente. Intuye lo que nos apetece, lo que nos interesa, lo que nos llama la atención. Nuestras ideologías, nuestros estados de ánimo, las canciones que escuchamos. Y sabe, con total seguridad, lo que nos gusta -se lo decimos nosotros mismos con un botón diseñado específicamente para ello-. Y por si no fuese suficiente, ahora también lo que nos encanta, divierte, asombra, entristece y enfada. ¿Todavía crees que tienes a buen resguardo tu información personal? Coge aire y sigue leyendo.
¿Cómo demonios da en el clavo Facebook? ¿Por qué intuye la gente que conoces, como antes comentábamos, si no tienes ni un solo registro de esas personas en tus interacciones? ¿Qué hace ahí, en la dichosa lista de recomendaciones, la foto de esa exnovia que se ha ido a vivir a la otra punta del mundo y de la que no guardas ni un mísero correo electrónico? ¿Cómo ha llegado hasta mi muro ese chico al que solo veo en el tren? «Personas que quizá conozcas» incluye, según los anexos informativos de la plataforma, a «usuarios de Facebook que podrías conocer». Explica la plataforma, sin especificar demasiado, que estas recomendaciones se basan «en los amigos en común, la información de trabajos y estudios, las redes de las que formamos parte, los contactos que hayamos importado y otros muchos factores». ¿Qué son otros muchos factores?
El señor Mark Zuckerberg aplica un complejo y eficaz algoritmo -una serie de instrucciones bien definidas que permiten llevar a cabo una actividad- para predecir nuestras amistades. En primer lugar, despliega rápidamente los tentáculos de Facebook en las tripas de nuestro teléfono al instalar la aplicación. Fisgonea, con nuestro permiso -aceptamos términos y condiciones-, en contactos, uso y actividad. A eso le sumamos que previamente le hemos confiado dónde nacimos, vivimos, estudiamos o trabajamos, entre otras muchas cosas. Las matemáticas hacen el resto. Dos más dos, cuatro. El margen de error de sus máquinas es tan minúsculo que es capaz, incluso, de predecir futuras amistades.
The Washington Post se hizo eco, el pasado mes de abril, de un caso que tumba las teorías de todos aquellos que estén pensando que somos unos auténticos paranoicos. Un usuario decidió unirse a Facebook manipulando sus datos. Registró una dirección de correo que nunca había utilizado, se inventó un nombre, mintió en su información personal. Y aún así, la plataforma desplegó ante él una dilatada lista de sugerencias de amistad integrada, básicamente, por sus conocidos en la vida real. La red se alimenta de interacciones. Son sus nutrientes, una fuente de datos que, sumada a los contactos extraídos de los dispositivos móviles, le permiten dar con nudos comunes entre varias personas y establecer sorprendentes conclusiones.
¿Sabías que Facebook te permite descargar una copia de toda la información que tiene sobre ti? El dossier, que la plataforma te envía al correo electrónico -para ello, debes acceder a «Configuración», en la zona superior derecha de la página, y una vez allí, debajo de «Configuración general de la cuenta», seleccionar «Descarga de información»-, recoge (entre otros) los siguientes datos:
-Todos aquellos que hayas incluido en la sección «Información» de la biografía.
-Las fechas en las que se ha reactivado, desactivado, inhabilitado o eliminado la cuenta, en caso de que se haya hecho alguna vez.
-Un registro de todas las veces que se ha iniciado sesión -fecha, hora, el dispositivo desde el que te has conectado, la dirección IP y la información sobre el navegador y las cookies-.
-Un listado de todos los anuncios en los que has hecho clic. Fecha y hora de cuándo has pinchado.
-Una lista de los temas en los que sería posible segmentarte en función de tus gustos, intereses y otros datos de tu biografía. Y esta información es especialmente valiosa. Se trata de una recopilación de palabras claves (en el apartado «Anuncios») que Facebook extrae según nuestro comportamiento en la red social. Empresas, películas, lugares que concluye que nos satisfarán. ¿Está enviando la compañía información sobre preferencias de sus usuarios a otras empresas? ¿Está haciendo negocio con ellas? De momento, es imposible demostrar que sea así.
-Un historial de las conversaciones que que has tenido en el chat de Facebook.
-Los lugares que has visitado.
-Personas que has eliminado de tu lista de amigos.
-Todos los eventos en los que has participado (o has indicado que participarías) y también todos a los que te han invitado.
-Tus «coordenadas faciales». Tras las informaciones personales, Facebook incluye en este archivo varias líneas de números. Equivalen a una suerte de impresión digital de tu rostro. Hay 34 puntos fijos en la cara. A través de las fotos que publicamos y etiquetamos, la plataforma nos reconoce en un patrón. Así, su «máquina» es capaz de identificar automáticamente un rostro. He aquí la razón por la que cuando alguno de nuestros amigos sube una imagen en la que salimos nosotros, Facebook le sugiere nuestra etiqueta. 
-Las solicitudes de amistad enviadas y recibidas que están pendientes.
-La última ubicación asociada a una actualización.
-Todo lo que te ha gustado. Todo. Publicaciones, fotos, vídeos. Y todo lo que has publicado tú y le ha gustado a otras personas. 
-Las búsquedas que has realizado en Facebook.
Si eres de los que no han podido contener las curiosidad y ya has chequeado todo el archivo, seguramente te estarás preguntando qué significa el apartado «Fotos sincronizadas» y por qué razón Facebook te acaba de descargar en tu ordenador instantáneas que en tu vida has colgado en la red social. Resulta que su aplicación para smartphones cuenta con una nueva opción que permite al usuario sincronizar automáticamente el teléfono con su perfil. Cuando Facebook nos mostró la instrucción en el móvil (sincroniza Facebook), la mayoría nos apresuramos a actualizar el tema, temerosos, de no hacerlo, de perder alguna función de vital importancia en nuestra dinámica social. Error.
Haciéndolo le hemos dado barra libre a la compañía para transferir nuestras últimas fotos, desde nuestros dispositivos, a un álbum privado. Los contactos no las ven, vale. Y resulta más cómodo publicarlas en caso de que eso sea lo que queramos. Pero, aunque no queremos hacerlo, aunque ni con dos copas de más se nos ocurriría compartir con nuestros amigos ese selfie mañanero, las instantáneas van a seguir ahí. En la sombra, pero ahí. En primer lugar, Facebook ya está teniendo acceso a ellas. Ya está leyéndolas y sacando conclusiones. Y en segundo, si alguien consiguiese, por casualidad y algo de maña, romper nuestras contraseñas y colarse en nuestro perfil, tendría en bandeja no solo las imágenes que conscientemente hemos decidido colgar, sino también las últimas guardadas en las galerías de nuestros teléfonos. Da miedo.